La invitación¿Se imaginan recibir una invitación como “vení a pescar truchas enormes”? Es como el “sueño del pibe”, ¿verdad? Bueno, así partió esta nueva aventura, iniciada 4 meses antes, luego que nuestro buen amigo Ricardo Monso, amablemente nos invitara a conocer una misteriosa y resguardada laguna. Algunos la llamaban “Laguna de los Monstruos”, nombre sumamente sugestivo, pero no sabíamos mucho más de ella, sólo que se ubicaba en plena Patagonia Argentina, a unas horas del poblado de Tecka, en la Provincia del Chubut (como a la altura de Palena en Chile). Nuestro subconsciente reaccionó más rápido. Antes que pensar en cómo llegar y cómo organizarnos, de inmediato surgieron preguntas como: ¿qué moscas, líneas y cañas utilizar? Según los antecedentes que nos entregó Ricardo, esta laguna tenía muy buenas truchas (algunas enormes) y muy peleadoras, pero nos advirtió que no eran fáciles de engañar debido, en primer lugar, a la gran cantidad de alimento que tenían: mayoritariamente odonatos, caracoles y puyes, y en segundo término, debido a una población de truchas relativamente baja para las dimensiones de la laguna. Teníamos presente que la mejor época para pescarla era a fines de temporada, durante los meses de Marzo y Abril, pero nuestra coordinación y disponibilidad como grupo sólo nos permitió programar la visita para mediados del mes de Diciembre, época que suele ser de mucho calor en esa zona. Con esos antecedentes, pusimos en marcha el plan. El largo viajeNos organizamos con tiempo. Nuestra idea era estar en la laguna por lo menos dos días completos. Pero uno de los desafíos a enfrentar era el de encontrar la manera más rápida y con menos conexiones aéreas y terrestres posibles para llegar, desde Santiago, a tan apartado lugar, factor significativo en este tipo de viajes. Lamentablemente no fue posible reservar un vuelo directo a Bariloche, por lo que la única alternativa razonable que nos quedó fue volar a Balmaceda (XI Región) y de allí cruzar en camioneta hacia Argentina por el Paso Huemules, continuando con un largo trayecto terrestre. El día elegido para llegar a Tecka era el 4 de Diciembre. Los que venían de Santiago (Franco Lama, Carlos Correa y Pato Guerra) fueron recogidos en Balmaceda por Franz Scheel y Rodrigo Saelzer. La mayoría de nosotros nunca había cruzado a Argentina por el Paso Huemules, por lo que el viaje tenía un atractivo adicional. Al medio día, desde Balmaceda, y luego de cargar todo nuestro equipo en una poderosa camioneta 4x4 doble cabina, iniciamos el largo viaje por tierra. El paso por Huemules y sus aduanas fue muy expedito por lo que rápidamente pudimos tomar el camino a Tecka. Podría pensarse que un viaje tan largo sería tedioso, pero en realidad fue todo lo contrario. El trayecto resultó tremendamente interesante, con paisajes muy diferentes a la Patagonia Chilena. Por su parte oriental, la Patagonia se muestra con mucha pampa y escasa vegetación de altura, así como un mínimo de hitos geológicos. Pasamos por Lago Blanco, Río Mayo, el Río Senguer y Gobernador Costa. Además, cada uno de nosotros iba opinando, o más bien, especulando, sobre las técnicas y patrones que debíamos utilizar en una laguna que … ¡ninguno de nosotros conocía! Finalmente, y luego de un viaje de más de 10 horas, tanto aéreas como terrestres, llegamos a Tecka a encontrarnos con Ricardo. Luego de los saludos y abrazos de rigor, partimos junto a nuestro anfitrión en dos camionetas con destino final a la laguna. Salimos de Tecka y luego de atravesar preciosos valles comenzamos a internarnos por el camino interior de una Estancia, el que poco a poco se iba convirtiendo en una huella para animales. La verdad es que sin un buen guía no hubiéramos podido llegar. Las camionetas 4x4 fueron absolutamente necesarias para completar la última parte del camino.
La vista de la laguna nos recibió a última hora del día. Una imagen simplemente maravillosa, siendo incluso evidente que podíamos considerarnos de sus escasos visitantes por temporada. Algunas de sus orillas y cerros contaban con una buena cubierta vegetal.
Ricardo tiene instalado el campamento en la orilla sur de la laguna, con varias carpas muy bien equipadas y cómodas, una carpa comedor, y un baño con ducha con agua caliente. Además cuenta con un generador eléctrico, muy útil para estas ocasiones. Luego de acomodar nuestras cosas en las carpas, nos fuimos a la carpa comedor donde nos esperaban con unos ricos jamones y carnes, y excelentes vinos argentinos. La buena conversación se extendió hasta pasada la media noche.
La pescaLo que esperamos por tanto tiempo, finalmente llegó. Nuestro primer día de pesca, ante estas prometedoras aguas de la Patagonia Argentina. Aquel día siguiente nos levantamos muy temprano a tomar un abundante desayuno. Las condiciones de la laguna eran óptimas: día despejado y sin viento. La conversación en la mesa rápidamente nos condujo a la planificación del día y a canalizar nuestras ansias de probar suerte en este lago. Fue así como la organización de la primera excusión implicó separarnos en dos grupos y pescar desde botes a remo.
La temperatura del agua estaba un poco baja (7°C), pero se iría elevando poco a poco dado que el día estaba soleado. Sabíamos que ello ayudaría a que las truchas estuviesen más activas, pero al comienzo no se veía actividad alguna sobre la superficie del agua, por lo que en ambas embarcaciones decidimos partir con líneas de hundimiento y patrones que imitaran peces pequeños y ninfas de odonatos. Ricardo nos comentó que existía una buena población de puyes, plato preferido de las grandes arcoiris que habitaban la laguna. Esto inmediatamente dirigió nuestra vista hacia las cajas de streamers que andábamos trayendo.
En cuanto a equipo, preferimos la utilización de cañas # 5 y # 6, todas de 9 pies y carretes con buen freno y abundante backing. Carlos comenzó lanzando un streamer que imitaba un puye, y que él mismo había atado para la ocasión y que denominó “Monster Woolly” (una woolly atada con Wapsi palmer chenille black sobre un anzuelo Nº 6). Era la apuesta del momento. Y como toda apuesta, ésta imponía un tono de intensa expectación. Esa primera posibilidad de picada era una sensación imposible de borrar, en especial cuando el viaje había sido tan largo.
Las ondas en la superficie se intensificaban con la calma de la mañana, aumentando así el nerviosismo de la espera. Pero afortunadamente no hubo tanta espera. Pocos minutos después, la caña de Carlos se arqueaba con una arcoiris que evidenciaba su tamaño por la fuerza y acrobacia.
Al poco rato, Pato se encontraba peleando con un truchón enorme, engañado con una imitación igual a la utilizada por Carlos.
Por su parte, cerca de los juncos, Franco lograba engañar una robusta y colorida arcoiris con una imitación de ninfa de odonato, atada en anzuelo Nº 10, cola de marabou roja, cuerpo de pavo real y ojitos de cadena.
Eran realmente increíbles las tomadas con estas moscas y posterior pelea; enormes saltos y carreras; estas truchas no se rendían fácilmente. Todas fueron adecuadamente devueltas al agua.
Recorrimos todos los rincones de la laguna, y pudimos comprobar la enorme cantidad de alimento que tenía las truchas, algo pocas veces visto en una laguna de esas características. Matapiojos y libélulas adultas, ninfas de odonatos y caracoles por todos lados. Probablemente debido al intenso calor del mediodía, las tomadas fueron disminuyendo, lo que nos motivó a volver a almorzar al campamento y darnos unos buenos piqueros en una de las playas cercanas. En la tarde salimos nuevamente a pescar, pero la actividad y disposición de las truchas se mantuvo todo el tiempo que el sol estuvo intensamente calentando el ambiente, lo cual puso a prueba nuestra paciencia. Finalmente, el pique se dio casi oscureciendo y en los alrededores de los juncos. El factor calor, habiendo disminuido, nuevamente nos ponía en jaque y demostraba que la temperatura era sin duda, un factor relevante a tomar en cuenta. Esa fue nuestra principal conclusión al final de la primera de las jornadas de pesca en esta remota, pero sorprendente laguna de enormes truchas.
Al día siguiente, y antes de que se levantara la brisa del mediodía, el grupo completo se dirigió a una de las 3 islas que tiene la laguna para desembarcar y practicar “sight fishing” o “pesca a la vista”. Con extremo cuidado pudimos observar y pescar algunas de las preciosas truchas que se encontraban alimentándose en sus orillas. Una vez que el viento se hizo presente, continuamos pescando desde nuestras embarcaciones, con resultados muy similares al día anterior. Ricardo nos comentaba que si bien en esta oportunidad no habíamos logrado pescar truchas fontinalis (las “fonti”), la laguna tenía una notable población de ellas, algunas de tamaños muy respetables. Seguramente, debido a la temperatura del agua, éstas se encontraban cerca del fondo. Nos comentaba también, que él personalmente había pescado y devuelto en dicho lugar arcoiris que sobrepasan los 6 kilos.
Comentarios finalesSi bien la cantidad de truchas pescadas (todas arcoiris) no fue considerable, si lo fue el tamaño de cada una de ellas; unos verdaderos trofeos. Algo bastante inusual. Nos dio gusto ver truchas sanas, combativas y bien alimentadas.
Así poníamos fin a la visita a la Laguna de los Monstruos, primera parte de este viaje de pesca. Durante la segunda parte de nuestro recorrido, ya de regreso a Chile, visitamos algunos de los renombrados ríos de la zona, como el Río de Las Pampas y el Río Pico, experiencias que serán motivo de un próximo reportaje. Queremos aprovechar de agradecer en forma muy especial a Ricardo y su gente por su gran amabilidad y hospitalidad, y les deseamos mucho éxito en esta maravillosa operación de pesca. Staff RiosySenderos.com
Participaron en esta aventura tras las enormes Arcoiris en la Patagonia Argentina:
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